En este post Bea nos cuenta cómo fue la experiencia con la lactancia materna tras el parto de su primera hija. No fue un camino fácil, pero gracias al apoyo de su marido y su hermana Elena, que es matrona, a día de hoy llevan 19 meses de gratificante lactancia materna.

También Elena nos cuenta cómo vivió ella la lactancia de su hermana y su sobrina, lo que nos ofrece una vision muy completa de cómo fueron los primeros meses de lactancia y cómo superaron las dificultades que fueron encontrando por el camino, porque la lactancia materna no siempre es fácil, y este relato apoya la importancia de estar rodeada de buenos profesionales, bien formados y respetuosos con las decisiones que tomen las mujeres.


Durante el embarazo me informé y leí mucho sobre lactancia materna. Antes tenía claro los beneficios de la lactancia materna, pero no me importaba si no la daba, si hacía una lactancia artificial. Pero mi opinión cambió tras leer e informarme (además, mi hermana, que es Matrona, me formaba mucho más de lo que yo podía leer). Me leí también el famoso libro de Carlos González, ‘Un regalo para toda la vida’, que todo el mundo recomienda. Tras leerlo pensé que lo tenía todo controlado, y que no iba a tener muchos problemas, y en el caso de que los tuviese los sabría solucionar.

Y tras un embarazo estupendo, el 12 de octubre de 2015 nació mi hija por cesárea. Gracias a mi hermana no me separaron de ella y pude iniciar la lactancia enseguida y hacer piel con piel.

El primer día todo fue estupendo, algo de dolor, pero soportable. Lo peor empezó el segundo día… un dolor en los pezones insoportable, hematoma en las areolas, grietas… y todo sin saber por qué, ya que la niña se agarraba bien al pecho, tenia buena posición, no tenia frenillo…

Tuve que usar pezoneras a pesar de que no están muy indicadas, pero era tanto el dolor que era la única manera de poder continuar lactando. Durante unos 10 días continué con pezoneras, y más o menos soportaba las tomas. Al retirarlas otra vez empezó el dolor intenso, pero aún así no volví a utilizarlas. Y a partir de ahí un problema tras otro… continuaba con grietas, comencé con un dolor intenso tras las tomas (descubrimos que era una mastitis), he tenido varias perlas de leche… hasta que en Enero desapareció el dolor (¡casi 4 meses con dolor en todas las tomas!). Aun así he disfrutado de la lactancia, viendo a mi hija como crecía día a día y cómo me miraba y me tocaba cuando hacia las tomas. Tanto es así que a día de hoy sigo dándole el pecho y tiene 19 meses.

Creo que es fundamental informarse durante el embarazo de la lactancia y todo lo relacionado, consultar tus dudas con la matrona, que son quienes más saben de este tema (el resto de sanitarios la mayoría no están tan bien formados, y lo digo yo que soy sanitaria, y hasta que no me he formado por mi hija no sabía ni la mitad de las cosas), y cualquier duda preguntarla, que para todo hay una solución (salvo casos muy concretos) y no es necesario abandonarla.

Y lo más importante, querer dar de lactar a nuestros hijos superando todas las adversidades.

A veces pintan las cosas como si fueran fáciles, y por lo menos en mi caso no lo ha sido, ha sido muy complicado, pero no imposible. También os recomiendo que no os fieis mucho (o nada) de los consejos que os de la gente porque la mayoría de ellos son erróneos (se queda con hambre, no tienes suficiente leche, tu leche no alimenta, a partir del año la leche materna es agua… y un largo etcétera). Informaros y contrastar la información que os den antes de llevarla a cabo.

Por último, quiero agradecer a mi hermana todo el apoyo que me ha dado, todos sus consejos, no se ha separado de mi ni de mi hija en ningún momento y siempre estaba ahí para ayudarme y buscar una solución. Tengo claro que sin ella no hubiera sido posible.” 

                                                                                                                   Bea.

Viví el embarazo de mi hermana con mucha ilusión. Era mi primera sobrina, la que iba a llevar mi mismo nombre. Me di cuenta de que el tema de la lactancia materna no era algo a lo que mi hermana le diera mucha importancia, y yo como matrona, que quiero que las mujeres y parejas tengan toda la información posible para que ellos mismos decidan qué tipo de alimentación quieren darle a sus hijos, me puse manos a la obra para formarla mediante charlas continuas y recomendándole ciertas lecturas. Y así ella y su marido poco a poco fueron descubriendo las ventajas de la lactancia materna exclusiva.

Las dos pensábamos que ella como madre bien formada y con ganas y yo apoyándola como hermana y matrona no íbamos a tener ningún problema.

Mi sobrina tuvo que nacer por cesárea ya que venía en posición podálica. Hubo contacto piel con piel desde el primer momento y un inicio precoz de la lactancia materna. Los tres estuvieron juntos en todo momento. Y de repente comenzaron los problemas.

Primero las grietas tan insoportables. La técnica y la posición eran las correctas, siempre las revisábamos, aparentemente no existía ninguna causa que las justificara, y me llegó el momento de comprender que aunque a veces todo esté correcto pueden suceder las cosas. El dolor intenso de las grietas hacía que mi hermana intentara alargar el tiempo entre toma y toma. Yo la animaba a hacer lo contrario, ya que si pasaba mucho tiempo y la bebé estaba hambrienta le iba a hacer más daño. Variábamos la posición, cada vez de distinta manera, así íbamos cambiando el punto de máxima presión que el bebé hacía al mamar. Además, aunque no suelo recomendarlas mucho, probamos con una pezonera. Cada bebé y cada mamá son diferentes, a unos les gusta y a otros no, unos se acostumbran a ellas y otros no. Lo que hicimos fue solucionar un momento puntual de máximo dolor, ya que en cuanto éste fue disminuyendo dejó de utilizarlas.

Después de cada toma ella se aplicaba con las manos muy limpias un poquito de leche en el pezón para que las grietas sanaran (ahora las últimas recomendaciones sugieren aplicar una gotita de aceite de oliva). Así las grietas fueron curando lentamente, pero ese no fue el único problema…

Después apareció una mastitis, con una zona del pecho dolorosa, indurada, eritematosa, caliente y fiebre. Para lactar primero masajeaba la zona durante unos minutos y después adoptaba una posición en concreto, que era con la barbilla del bebé en la zona endurecida, ya que la barbilla indica la zona del pecho que mejor va a vaciar. Además no esperaba mucho entre toma y toma para asegurar el vaciamiento correcto. Tomó también probióticos que contribuyen al equilibrio de la flora fisiológica mamaria, antipiréticos/antiinflamatorios y descanso en cama. Por suerte este cuadro en 24 horas estaba solucionado por lo que no necesitó tratamiento antibiótico.

Le siguieron las perlas de leche. Apareció un punto blanquecino que se inflaba y que causaba un dolor agudo y penetrante. Era el resultado de un conducto obstruido, que en el caso de mi hermana aparecían tras traumatismos, ya que mi sobrina cerraba la boca con fuerza y tiraba hacia atrás del pezón. Aplicaba calor antes de la toma y seguidamente se ponía al pecho a la niña para intentar que con la succión vaciara el conducto y la perla desapareciera. Así solucionó varias, pero una de ellas no lo lograba y tuve que levantar la capa más superficial de la piel del pezón con una aguja estéril y presionar un poquito para vaciar el conducto, y como en las otras ocasiones, colocar al bebé para que vaciara la mama. Recuerdo ese momento a mi hermana con mucha ansiedad, por miedo al dolor que le podía causar la aguja, pero conseguí calmarla, confió en mí y se alegró, ya que al contrario de lo que pensaba no sintió dolor sino alivio y descanso.

Yo sufría con ella, pero sus ganas y las mías hicieron que resolviéramos todos los problemas sin el abandono de la lactancia materna, de hecho, en su casa nunca ha habido un biberón de leche artificial.

También superó los consejos tan dispares de pediatras, enfermeras, vecinas, primas y diversos opinólogos que hacen tanto daño. Ella sabía qué era lo correcto, cuáles son las recomendaciones de la OMS, de la Asociación Española de Pediatría, etc. Por ello, hacía oídos sordos y seguía su instinto de madre mamífera.

Meses más tarde llegó el momento de disfrutar del maravilloso mundo de la lactancia materna sin dolor, sin problemas. Y es que al fin y al cabo el secreto es la información, el apoyo del entorno más cercano y profesionales bien cualificados y la insistencia e interés por parte de la mamá. Porque la mayoría de los problemas se pueden solucionar sin el abandono de la lactancia siempre y cuando nos apoyemos en el profesional adecuado y armándose de paciencia.

Lo cierto es que jamás pensé que mi hermana pudiese tener tanta fortaleza, me emociono cada vez que lo recuerdo, para mí un gran ejemplo a seguir.

Hoy en día 19 meses más tarde, se me cae la baba al verlas juntas, ese vínculo que han establecido, esas miradas que se echan cuando están lactando. Me siento muy orgullosa de ellas y sé que el destete se producirá cuando la pequeña así lo decida.

Quería dejar un mensaje a todas las mamás que hayan decidido dar lactancia materna a sus hijos. Estáis dando la mejor alimentación que vuestro hijo puede tener. Formaros, leed, y buscad siempre apoyo en vuestra matrona más cercana. Ella sabrá guiarte cuando tú no estés segura de cómo actuar. Y sobre todo disfruta de esos momentos tan maravillosos que pronto pasarán y siempre quedarán en tu memoria.

                                                                                                                       Elena (Matrona).

Imagen: Pinterest

Gracias por compartir vuestro relato con nosotras y con todas las mamás que nos siguen en el blog.

Lele Ramírez y Ana Casanova. Matronas.

 

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